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Yo sé que hubieses sido
el motivo del cuchillo,
la musa de cien tangos
de triste cantor.
En el siglo veintiuno
nacieron tus piernas
pero sé que en vos hay pena
de aquel bandoneón
En el siglo veintiuno,
no serás la misma Malena,
pero el tango es un retrato
de infinito color.
Pisoteada, manoseada
por el nombre de la angustia,
no es tu culpa, encerrada en tu condena
de arrastrar siglo de penas
y que un perdido como yo, te recuerde, Malena,
viejo ruego de piel joven,
cuando me diste la mano esas noches,
y nunca el corazón.
Pero este tango no se olvida,
de que alguna vez casi fuiste mía
y hoy miserable te encuentro,
causalmente en la avenida,
sola, sangrante, trasvestida de dolor.
Mas tu cuerpo aún tiene excusas
pa´ que un tango se detenga
mansamente a deshojarte
la pena de los dos.
Este tango, que no se olvida
de aquella que no nació en su tiempo
qué pena, alma mía
que el siglo del cambalache
no te haya tomado en sus fauces
y te haya parido canción.
Qué pena, alma mía,
no hay lugar para tu nombre,
en este siglo, que de tan pobre,
no pudo hacerte el amor.
Qué pena, alma mía
no hay lugar en este mundo
para una mujer tan triste
encerrada en el convento de la angustia,
antes tan librada al conventillo de su amor.
Paso distraído a tu lado,
casi se te cae el caminar,
y no puedo dejar de pensar
que sos el cuerpo que baila el tango
de este, nuestro roto y olvidado arrabal.