Psicología

¿Qué hay detrás de un dolor de tripa?

POSIBLES MALOS TRATOS

  • Los menores que sufren maltrato tienen un elevado riesgo de dolor de tripa crónico
  • El abuso sexual precede o coincide con las molestias abdominales en el 90% de los casos
Dos niños en un internado de Moscú. (Foto: Reuters)

Dos niños en un internado de Moscú. (Foto: Reuters)

Actualizado martes 09/03/2010 05:22 (CET)
PATRICIA MATEY

MADRID.- No lo cuentan con palabras pero sí lo expresan a su manera. Porque cuando un niño o una niña se queja de dolores de tripa de forma frecuente y no hay una causa que los provoque puede que en realidad esté 'hablando' de otro tipo de sufrimiento, el que ocasionan los malos tratos.

Este es el panorama recogido en un nuevo estudio, liderado por Miranda van Tilburg, de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos). La investigación ha sido posible gracias a los 'Estudios Longitudinales de los Niños que han sufrido Malos Tratos o Negligencia'. Se trata de un consorcio de cinco trabajos prospectivos realizados con 1.354 menores que han sufrido distintos niveles de abusos físicos, psíquicos o sexuales o con elevado riesgo de padecerlos.

Los autores finalmente centraron su observación en 845 de todos estos menores (por tener dolores de tripa) a los que realizaron un seguimiento desde los dos años hasta los 12.

"La mitad o un tercio de los pacientes adultos que acuden a consulta de Gastroenterología tiene detrás una historia de abusos. Nuestro objetivo ha sido investigar la relación entre maltrato y los síntomas abdominales sin causa médica de niños y adolescentes. Nuestra hipótesis es que la historia de abusos o negligencia incrementa el riesgo de este tipo de problemas, y el estrés psicológico puede ser, en parte, el mediador de esta relación", comentan los autores de la investigación en el último 'Annals of Family Medicine'.

En declaraciones a ELMUNDO.es, la doctora Tilburg ha puntualizado que existe "una conexión cerebro-intestino por la que el dolor influye en el estrés y éste también causa dolor. Todos estamos familiarizados con las mariposas en el estómago, por amor o por miedo. Los malos tratos son muy estresantes, pero si reducimos su impacto con intervención psicológica también podremos disminuir las molestias abdominales".

Durante la investigación, los cuidadores de los servicios de protección del menor (CPS, de sus siglas en inglés) rellenaron un cuestionario sobre los problemas gastrointestinales (dolor, náuseas, vómitos, calambres) y su frecuencia en los pequeños. La evaluación se llevó a cabo cada dos años desde que los niños cumplieron los 24 meses hasta los 12 años. A esta edad fueron los mismos adolescentes los que respondieron a estas pruebas.

Asimismo se realizó una evaluación del estrés psicológico, que incluyó los problemas emocionales y de comportamiento, así como los trastornos de ansiedad o depresión de los chavales.

Los datos revelan que "los menores que han sufrido abusos de cualquier tipo tienen un elevado riesgo de experimentar síntomas gastrointestinales en comparación con los que no han pasado por este trance", aclaran los autores.

Distintos tipos de abuso

El estudio documenta, además, que el abuso físico es menos frecuente en las niñas que en los niños. En cambio, el sexual y el psicológico es más común en ellas que en ellos, como también lo son los dolores de tripa.

Por el contrario, "no se encontró una asociación tan significativa entre la incidencia de náuseas y de vómitos en los infantes maltratados". Además, el "abuso sexual precede o coincide con dolor abdominal en el 91% de los casos", se insiste en las conclusiones.

"Este estudio hace hincapié en que el maltrato puede preceder el dolor abdominal crónico y esto tiene que estar en el 'radar' de un médico, especialmente si hay otros factores de riesgo. Sin embargo, también hay que valorar que hay muchos niños que lo sufren y que no han sido objeto de abusos", insiste la investigadora principal.

Los autores defienden que el estrés psicológico que ocasionan los abusos "es un mediador de las molestias gástricas. No obstante, los abusos físicos también pueden asociarse a lesiones en esta zona del cuerpo, lo que elevaría el riesgo de padecer dolor en la zona".

La doctora Tilburg defiende la realización de nuevas investigaciones debido, fundamentalmente, "a que que existen normas sobre cómo tratar el dolor abdominal crónico y sobre cómo abordar a un paciente si ha sufrido malos tratos. Pero no sabemos aún si estas terapias deben ser diferentes para aquéllos que han sido maltratados y padecen dichas molestias físicas".

Imagen de teremarin

Las rupturas sentimentales hacen tambalear nuestro autoconcepto.

Los miembros de las parejas rotas tienen una conciencia menor de sí mismos, lo que aumenta su dolor


Cuando una relación sentimental se acaba, el concepto que cada individuo de la pareja tiene sobre sí mismo cambia. Esta modificación del autoconcepto, que es una de las causas del enorme dolor que suponen las separaciones, ha sido analizada por vez primera por científicos, en tres estudios distintos. En ellos se ha constatado que la claridad de la conciencia sobre lo que somos se reduce tras una ruptura sentimental, y que esta confusión se mantiene, al menos durante un tiempo. Por Yaiza Martínez.

 

Fuente: Everystockphoto.

Cuando una relación sentimental se acaba, el concepto que cada individuo de la pareja tiene sobre sí mismo cambia, sugieren los resultados de tres estudios sobre el autoconcepto realizados por los científicos Erica B. Slotter, Wendi L. Gardner, y Eli J. Finkel, del departamento de psicología de la Universidad de Northwestern, en Estados Unidos. El autoconcepto se define como la noción que una persona tiene de sí misma.

Cuando se mantiene una relación de pareja estable, los miembros de ésta tienden a desarrollar amistades compartidas, actividades e, incluso, a confundir el autoconcepto de cada uno con el del otro.

Los científicos han demostrado en la presente investigación que, dado el grado de interacción, cuando una relación de pareja se rompe, la claridad del autoconcepto o de la percepción que se tiene de uno mismo, se ve reducida.

Parte esencial de la vida adulta

Los científicos explican en un artículo publicado por el Personality and Social Psychology Bulletin, que una relación de pareja tiende a modificar el autoconcepto que cada uno tiene sobre sí mismo. ¿Qué sucede, entonces, con el “yo” cuando la otra parte, que en cierta medida “lo completaba”, desaparece?

Comprender bien el impacto de las rupturas de las relaciones de pareja sobre el “yo” es importante, porque este tipo de relaciones son una parte esencial de la vida de la mayoría de las personas adultas, señalan los investigadores.

Resulta importante, asimismo, porque las rupturas producen un intenso dolor emocional, y obligan a redefinir lo que cada uno es, en ausencia del otro miembro de la pareja.

Los investigadores examinaron los distintos tipos de cambios en el autoconcepto que pueden suceder después de una ruptura sentimental, y la relación de estos cambios con el sufrimiento emocional de cada individuo. Hasta el momento, no se había estudiado a fondo cómo afectan estas rupturas a la noción que sobre sí mismo tienen los individuos que han formado parte de una pareja.

Cambio de situación y sufrimiento

A nivel general, se sabía que el fin de una relación romántica es uno de los hechos que más dolor provocan en las personas adultas.

Así, en los adultos jóvenes, por ejemplo, está documentado que las rupturas sentimentales aumentan el riesgo de padecer diversos trastornos mentales, como el trastorno depresivo severo.

Pero los efectos de las rupturas se habían estudiado hasta la fecha desde la perspectiva del bienestar emocional de los miembros de la pareja rota.

La presente investigación, afirman los científicos, es la primera que estudia un aspecto distinto de estas situaciones, y que propone que una de las razones por las que el final de una relación sentimental provoca tanto sufrimiento es el impacto que sobre el autoconcepto recae, como consecuencia del cambio de situación.

Tres estudios distintos

En el primero de los estudios realizados, los investigadores pidieron a un grupo de participantes que recordaran una ruptura sentimental anterior o que se imaginaran que su actual relación acababa. Acto seguido, se les pidió que detallaran cambios en su autoconcepto a lo largo de su vida.

En un segundo estudio, se hicieron análisis de textos de muestras tomadas de la vida real, escritos por personas que acababan de romper sus relaciones, y se compararon con textos escritos en otras situaciones o sucesos de la vida. Así, por ejemplo, se examinaron entradas diarias en medios de Internet y auto descripciones de individuos que habían sufrido una separación.

En un tercer estudio, se examinó el efecto de rupturas emocionales sobre la claridad del autoconcepto en un estudio longitudinal de seis meses de duración en el que participaron jóvenes varones y universitarios.

Los resultados de estos estudios señalan que las rupturas sentimentales tienen múltiples consecuencias psicológicas en los individuos, entre ellas, que provocan varios tipos de cambios en el autoconcepto.

Percepción reducida de uno mismo

El primer estudio demostró que, después de una separación, los miembros de cada pareja cambian el contenido de su personalidad, lo que los define. En el segundo estudio, se constató que las personas recién separadas tienen una percepción reducida de sí mismas, de lo que son.

En el tercer estudio, se reflejó que los miembros de una pareja rota presentan una claridad también menor respecto a su concepto de sí mismas. Esta confusión podría deberse a que existen aspectos de las relaciones que potencian la interdependencia cognitiva.

Tal y como los científicos esperaban, la medida de reducción de la claridad del autoconcepto en el momento de una ruptura sentimental sirvió para predecir el grado de sufrimiento emocional de cada individuo tras dicha ruptura.

Según los investigadores, esto no quiere decir que la confusión en el autoconcepto posterior a una separación sea la única fuente de dolor que provocan estas situaciones, dado que otros factores, como los sentimientos de rechazo, también hacen mucho daño.

Sin embargo, afirman, la investigación confirma que dicha confusión es una de las principales causas del dolor. Los datos obtenidos en ella han revelado, por último, que el proceso de auto-reestructuración conlleva tiempo, puesto que, tras varias semanas después de la ruptura, aún pudo constatarse que los participantes en los estudios no habían superado la falta de claridad en su conciencia de sí mismos.

Los científicos señalan que, en futuras investigaciones, estudiarán la cantidad de tiempo de recuperación tras las rupturas, y los procesos, conscientes o de otro tipo, que los individuos siguen para reconstruirse a sí mismos tras su separación.


Imagen de teremarin

PARA QUIENES GUSTAN DE AYUDAR A OTRAS PERSONAS EN SITUACIONES DIFÍCILES.

Hay una buena cantidad de seres humanos que les gusta ayudar a otros. Ese sentimiento solidario es muy agradecido por quienes lo reciben. Claro está, no todas las personas poseen la misma preparación técnica y científica para que esa ayuda sea efectiva de forma inmediata y lo más importante, a mediano y a largo plazo cuando se pueda dotar al sujeto de las herramientas necesarias que le permitan enfrentar con éxito problemas similares en el futuro. Por eso me referiré a algunos factores que pudieran contribuir a que quienes tienen esas aptitudes logren ofrecer la ayuda de manera más efectiva, sin necesidad de recibir una enseñanza especializada.

En los diversos tipos de psicoterapia, existen actividades que debe realizar un terapeuta, independientemente de la escuela que propugne, una de ellas es la escucha, esa capacidad de permitir a otra persona expresar sus pensamientos con libertad, sin interrupción alguna. En la actualidad, hay todo un cuerpo de conocimientos teóricos relacionados con la llamada Listening Therapy o Terapia de Escucha, donde lo fundamental es saber escuchar y considerar que el ser humano tiene una sola boca, mientras posee dos orejas, lo cual significa que la naturaleza le otorgó un privilegio al sentido del oído. Aunque esta aseveración pudiera ser discutible, es un recurso que muchos emplean para recalcar la importancia de la escucha.

El que brinda ayuda debe fomentar el rapport, esto es, propiciar una relación armónica, empática, ponerse en el lugar del otro, ser capaz de experimentar lo que está experimentando la otra persona, pero manteniendo una prudencial distancia que permita ser más objetivo. En otras palabras, si usted desea ayudar a una persona, debe evitar involucrarse demasiado en el problema, pues entonces pasará a ser parte del mismo. Entrar en la situación conflictiva y saber salir, pues “desde fuera se ve mejor”, es la clave.

La actitud de apoyo es otra condición indispensable, la cual se logra, además de lo anteriormente explicado, con la aceptación del sujeto en su individualidad, con la solidaridad manifestada con nuestra presencia, que contribuya a mitigar su soledad, con la orientación oportuna (visitar un facultativo, no tomar una decisión importante con ese estado anímico, tomar vacaciones, aceptar un certificado médico, leer determinado libro, etc.).
También es fundamental la realización de preguntas, pero no cualquiera de ellas, sino aquellas que le permitan al sujeto expresar sus emociones y sentimientos y a nosotros conocer cómo piensa, cuán pesimista, poco realista, agresivo, autodestructivo, es su pensamiento. Las preguntas bien realizadas recaban una información muy valiosa, mediante la cual logramos acercarnos a un conocimiento más fidedigno de la problemática del individuo, cuándo se inició ésta, de qué manera, cómo él se sintió, cómo la intentó resolver, etc.

Otras actitudes que pueden ayudar a una persona en situación difícil, es el reforzamiento, o sea, la aprobación de una conducta o pensamiento positivo, mediante la felicitación, un apretón de manos, unas palabras de elogio. Asimismo, se deben castigar aquellas conductas o pensamientos negativos con desaprobación: un llamado de atención, expresar desacuerdo con esas actitudes, en otras palabras, corregir toda manifestación negativa. Esa es una manera valiosa de ayudar a otros.

Se puede asistir a un sujeto sobre quien han existido determinadas presiones emocionales que le hacen suponer que todo el mundo reaccionará de igual forma con él, al usted hacerlo de una manera diferente, eso lo ayudará a corregir su experiencia emocional pasada: no todos reaccionan como él piensa. Y el bienestar encontrado al interactuar con otro ser humano que no le reprueba, critica, rechaza, hostiliza, por sí solo, es terapéutico. A este auxilio se conoce como “experiencia emocional correctiva”, término utilizado por las terapias psicoanalíticas no ortodoxas, para designar la neutralidad afectiva del terapeuta.

Con estos elementos, seguro usted, que tiene esa capacidad para ayudar a otros muy desarrollada, estará en mejores condiciones de brindarla.

FUENTE

Imagen de teremarin

CRÍTICAS

  • Podríamos catalogar a las críticas, en cuanto a su aprovechabilidad, en 3:
    las positivas, las neutras y las negativas.

    Las positivas lo son porque te hacen más grande, aprendes de ellas. Te ponen en crisis, no son fáciles de encajar (en cuanto que te cuestionan), pero el que las hace te da la solución, o mejor, te alumbra para que tú seas el que la encuentre. Por ello aportan mucho y te refuerzan. Esas no sólo las acepto, sino que las deseo.

    Luego están las neutras. No te aportan mucho, de hecho no se hacen con esa intención, sino por el mero hecho de criticar. Pero no tienen en sí mismo malicia, no buscan dañar, y a veces incluso tienen gracia. El beneficio es por que suelen (no siempre) dar pie al debate, y eso en sí es positivo, y como no hieren pues nadie pierde. A veces se originan por malos-entendidos, y hablando con naturalidad se resuelven sin más. Y no pasa nada. Estas críticas cuestan más aceptarlas, pero en cuanto uno ve que no persiguen dañar, conviene dejarse llevar, tratar de aprender lo que se pueda, e incluso reirse de y con ellas.

    Por último, están las negativas. Las que van a herir a una persona con nombres y apellidos. Las que nacen del odio, la envidia, la intolerancia o simplemente de la necedad. Esta categoría tiene dos agravantes: la falacia o, peor, la mentira, y la cobardía. Me explico. Cuando la crítica se sustenta de manera premeditada en un argumento falso, a sabiendas de que lo es, o que nace de un razonamiento incompleto o errado por dejarse llevar por la apariencia (cegado por el odio, la envidia, la intolerancia o la necedad que antes vimos), o directamente y sin tapujos se nutre de la mentira, el dolor que produce es doble, o triple: por sí mismo, por nacer de la mentira o de la falsedad y por su injusticia. Me atrevo a añadir un motivo más: por tener la certeza de que hay personas capaces de actuar de mala fe y que un buen día una persona así puede hacerte daño, sin más.

    El otro perjuicio se provoca cuando, además de buscar el daño y fundamentarse en el error o el engaño, procede de alguien que se esconde, que no es capaz o no quiere mostrarse como es y se escuda en un pseudónimo o en el anonimato. No sólo dejan desnudo al que injurian y le provocan una desamparada sensación de vulnerabilidad, de impunidad, sino que es injusta por sí mismo al no basarse en el principio de la igualdad de condiciones. Desafortunadamente, hay mucha gente que abusa del disfraz, a sabiendas de la ventaja que le ofrece el anonimato. E Internet, la red, que eleva al individuo a la esfera casi divina, no sólo lo permite, sino que lo favorece: de hecho, a veces da tanta verguenza...

    Termino con una cita:

    Nadie está libre de decir estupideces. Lo malo es decirlas con énfasis.
    Michel E. de Montaigne.

    Gracias.
Imagen de Republicano

I T V

viernes, 12 de febrero de 2010

 

Siguen empestillados los días en este llover cansino, famélico, que cala la tierra y los huesos. Ayer, a pesar del tiempo salí a dar mi paseo de una hora por uno de los senderos que cruzan salinas y que forman parte del rimbombantemente llamado Parque Natural de la Bahía de Cádiz. Resulta curioso cómo las variantes climatológicas, estacionales e incluso lumínicas hacen que un mismo escenario presente aspectos tan distintos. La poca concurrencia –me crucé a lo más con tres personas que hacían deporte bajo el chirimiri- me permitió ver bandadas de gaviotas, agujas colinegras e incluso garcetas.

 

Sigo manteniendo un tono vital óptimo. Desde finales de diciembre pasado la depresión –ese púgil tétrico e inmisericorde- sólo me ha tambaleado en un par de ocasiones, sin que yo llegara a besar la lona. También he tenido picos altos, pero aislados, sin llegar a mayores (ideación vertiginosa, dificultad de concentración, algún conato de agresividad…). En definitiva, y comparando cómo estuve durante 2009 (un año perdido entre una sima depresiva y una escalada al Everest sin sherpas ni equipo de montaña), ahora me encuentro mejor que bien.

 

Precisamente hoy pasé la revisión siquiátrica. La doctora me ajustó el litio (andaba algo bajo), me mantuvo el resto de fármacos (bupoprión, venlafaxina y mirtazapina), con una leve disminución de la venlafaxina. Me pidió que le relatara mis actividades: como ocurre cuando estoy bien, me levanto temprano, a las 07:00 (a veces, como hoy, incluso antes), me aseo, arreglo el cuarto, desayuno, saco a Nora a pasear, hago ejercicio físico (caminar durante una hora a paso rápido), echo un cable en labores de intendencia hogareña, pongo orden en mis papeles, busco ofertas de empleo, leo prensa, veo el telediario y estaba siguiendo la serie Kung Fu (para mi desolación, Canal Sur ha dejado de emitirla y no sé si así será temporalmente o de forma definitiva). Suelo retirarme relativamente temprano (sobre las 22:00), como las gallinas, mientras escucho no más de 10 minutos la tertulia política de la SER (y no es que las intervenciones sean aburridas ni mucho menos, pero entre el trasiego y la mirtazapina me dejan fuera de juego). Tan pronto acabe de poner orden y concierto en mis pertenencias, tengo la intención de empezar a estudiar las oposiciones de administrativo para la Junta.

Las mascotas, fuente de bienestar para los niños

Quienes se implican en el cuidado de un animal se hacen más responsables y adquieren una mayor competencia social

Las mascotas pueden convertirse en el mejor aliado de padres y educadores para la socialización de niños y adolescentes. Si al gran interés por los animales de compañía se une un cuidado adecuado, estos pueden ser una fuente indiscutible de salud psíquica y social para los más pequeños. Algunos psicólogos y psiquiatras infantiles ya usan animales en la atención a niños con diagnósticos de hiperactividad o accesos de ira.


  • Autor: Por CLARA BASSI
  • Fecha de publicación: 27 de septiembre de 2009


Más que un compañero de juego



- Imagen: wsilver -

Es una reacción recíproca: los niños gustan a las mascotas, en general, y las mascotas -sobre todo los perros- a los niños. En el libro "Los niños necesitan animales de compañía", de Plataforma actual y la Fundación Affinity, Dieter Krowatschek, psicólogo infantil y escolar que trabaja en Marburgo (Alemania), explica que su interés por las mascotas se debe a diversas razones: son más curiosos que los adultos y menos precavidos al interactuar con otras especies; aprecian el hecho de que la mayoría se comporte de forma infantil, lo que les confiere una gran ventaja como compañeras de juego; y, entre todas ellas, se sienten atraídos en especial por los cachorros.

Todo esto explica que en España haya 22 millones de mascotas que conviven con los niños. Gracias a esta convivencia, los pequeños de la casa que se implican en su cuidado se hacen más responsables y adquieren una mayor competencia social. Además, según destaca Krowastschek, en la sociedad coetánea los animales de compañía pueden convertirse en grandes y afectuosos amigos, tanto para los niños como para los adolescentes incomprendidos, puesto que ayudan a suplir la ausencia de los padres que soportan largas jornadas laborales.

Los canes contribuyen de forma notable a la socialización de los niños con y sin discapacidad

También ayudan a contrarrestar la perniciosa influencia de tantas horas de actividades en solitario, que favorecen la afición por los videojuegos o el ordenador, las películas de vídeo o la lectura de tebeos. Los niños y adolescentes que conviven con un animal de compañía se relacionan con él de una forma lúdica y tienen una oportunidad única de interactuar, jugar y conectar con otro ser vivo, así como de educarlo.

En el imaginario infantil, los niños se relacionan con distintos animales y adoptan roles o papeles diferentes: gracias a su desbordante capacidad de invención se ponen en la piel de cualquier especie, incluso, de dinosaurios extinguidos. En general, los osos de trapo y los peluches les fascinan por su gran parecido con las mascotas reales, por lo que es muy fácil que se identifiquen con ellos.

Perros y psicólogo infantil, un buen tándem

Los osos de peluche se utilizan en las consultas de psicología infantil para realizar ejercicios de proyección de la imagen de los niños. Se les explica que "ese osito regordete saca malas notas en la escuela, tiene problemas en el colegio o en casa". De esta forma, los pequeños se identifican con el muñeco de trapo, comprenden y detectan que esos son los problemas que ellos tienen. Otro paso que se ha dado en las consultas de los psicólogos infantiles para sacar provecho a este entendimiento natural entre niños y mascotas ha sido la incorporación de éstas a la sesión terapéutica.

El propio Krowatschek colabora con su perra border collie Fly en sus sesiones con niños hiperactivos o con otros problemas de conducta. Al estar presente, el psicólogo les interroga de manera más sencilla con preguntas indirectas del estilo "a Fly le gustaría saber... ". Así consigue que los niños respondan a cuestiones que de otro modo se callarían. El animal se convierte en un intermediario entre el niño y el psicólogo.

El psiquiatra y psicólogo infantil Boris Levinson, de Brooklyn (EE.UU.), fue quien descubrió la utilidad de los animales como ayuda terapéutica. A principios del siglo XX, observó que la presencia de su perro Jingles ayudaba a los niños autistas a abrirse. Más tarde, se ha confirmado su ayuda en la atención a menores con otros diagnósticos. La presencia de Fly en la consulta de Krowatschek tranquiliza a los niños hiperactivos y con accesos de ira. También se ha visto que los canes contribuyen de forma notable a la socialización de los niños con discapacidad. Cuando se les proporciona un perro para que les acompañe, son más aceptados y los otros niños se relacionan mejor con ellos.

Elegir una mascota



- Imagen: Linda Åslund -

¿Son todas las mascotas igual de buenas compañeras? Según Krowatschek, el mejor amigo del niño es el perro, puesto que su capacidad de interacción supera con creces a la de otros animales de compañía y porque exige más cuidados y educación, tareas en las que se puede implicar a los menores. Pero, entre los perros, ¿cuál es el más indicado? Este psicólogo denuncia que películas famosas de la filmografía infantil en las que aparecen canes han contribuido a generar una gran confusión sobre las especies que mejor se adaptan a la convivencia en familia.

Los husky, una de las razas frecuentes en filmes, están acostumbrados a tirar de trineos, por lo que quizá no sean los perros más adecuados para llevar con una correa; tampoco los de pelea o con instinto cazador. Krowatschek sugiere adoptar perros disciplinados, como el labrador, el cocker spaniel, los caniches o los canes que cuidan del ganado, ya que tienden a proteger.

La decisión más adecuada antes de adquirir una mascota es consultar con un veterinario

Los veterinarios Pedro Carracedo y Beatriz Morén, de Barcelona, afirman que no se puede recomendar una raza u otra, sino que cualquiera de tamaño pequeño o medio es apropiada para un niño, siempre que esté bien educado. La clave para que haya un buen entendimiento entre ambos es la educación y la socialización de los animales.

Consejos útiles

Estos veterinarios aconsejan seleccionar, de una camada de cachorros, a un individuo que no sea dominante ni miedoso. Después hay que asegurarse de que desarrolle una etapa correcta de socialización con otros animales, niños y personas adultas. Esto se consigue si se pasea con el cachorro por la calle a partir de los dos meses, en brazos hasta que reciba las vacunas pertinentes, y se le permite entrar en contacto con otros animales, personas y, sobre todo, niños.

También es aconsejable, tanto en el caso de los perros como en el de los gatos, que el cachorro haya estado el máximo tiempo posible con la madre, ya que ésta actúa de intermediaria entre los conflictos con otras crías y educa. Se ha comprobado que, cuando un gato es amamantado con biberón, al jugar controla menos los mordiscos y los arañazos que un gato alimentado por su madre, quien le enseña a arañar sólo en ciertas ocasiones.

Aunque el perro sea considerado la mascota óptima para el niño, la convivencia con un felino también es interesante durante la infancia, ya que el pequeño puede encargarse de vigilar que no le falte, sobre todo, comida ni bebida. El abanico de opciones cuando se desea adquirir una mascota es muy amplio: desde el gato, al conejillo de indias, los hámsters, ratones, conejos, pájaros, peces o ponis, entre otros.

Estos animales, en la mayoría de los casos, requieren menos atención que los perros, pero también es posible que interactúen menos con los niños. Antes de adquirir una de estas mascotas es conveniente consultar con un veterinario. Se desaconsejan, no obstante, los animales exóticos, puesto que se rigen por normas de protección muy rigurosas y su comportamiento es imprevisible.

Una mascota no es un juguete



- Imagen: qwrrty -

Una premisa crucial para que la convivencia con un animal en la familia sea óptima es recordar siempre que una mascota no es un juguete, sino un ser vivo que merece respeto, cuidados y atención. Los bebés y los niños muy pequeños pueden no interpretarlo así y manipular a los animales como si fueran un muñeco e, incluso, dañarles. No están capacitados para entender la responsabilidad que entraña, por lo que deberán ser los padres quienes asuman el cuidado de la mascota.

"Hay que inculcar al niño que el perro no es un juguete, no es un camión que se pueda desmontar o una Play Station. Es un miembro más de la familia que se merece respeto: hay que sacarlo a pasear, necesita comer, beber, hacer sus necesidades y un trato normal", declara Carracedo. Los perros crecen, no son siempre cachorros, Hay que tener en cuenta estas premisas para disminuir las tasas de abandono de perros adultos. Quien adquiere un animal debe responsabilizarse de sus cuidados.

El 60% de las veces que un perro propina un mordisco a un niño, el motivo es imputable al pequeño. Antes de los seis años, los menores tratan con demasiada brusquedad a las mascotas, según Krowatschek. Superada esa edad, a medida que el niño crece, mejora el trato y su carácter se vuelve más responsable.

Normas para una convivencia feliz

Hay que trasmitir al niño que una mascota no es un juguete y enseñarle a coger en brazos y a manipular al perro con cuidado

¿Cuáles son las normas por las que debería regirse la convivencia entre un animal y un niño? La primera y principal es, sin duda, educar al perro de manera que comprenda que, en la jerarquía familiar, el niño se encuentra siempre por encima. Otra norma básica es no humanizar al perro. El niño debe aprender a interpretar su lenguaje corporal, sus necesidades, a darle órdenes coherentes y a castigar con inmediatez, cuando haya cometido algún error, para que el perro lo entienda. También debe premiar con golosinas caninas si quiere adiestrar y enseñar al perro, entre otras cosas, a dar la pata o a sentarse.

Cuando los niños son muy pequeños, los padres deben asumir que el animal es responsabilidad suya. Deben hacerse cargo de él y no dejar al pequeño a solas con el perro. Han de transmitirle, con insistencia, que no es un juguete, y enseñarle a coger en brazos y a manipular al perro con cuidado, a medida que crezca.

Es también fundamental que el niño no se acerque al can mientras come o cuando lleva algo en la boca. Tampoco puede abalanzarse sobre el animal y ha de ser cuidadoso durante el juego. La familia debe mantener una actitud vigilante por si el perro atacara al pequeño. Hay que advertir al niño de que mantenga alejada la cara del hocico y que no empuje ni tire de la cola.

Otras acciones que, en general, deben evitar los niños en su trato con el perro u otros animales es: gritarles cuando no obedezcan alguna indicación; perseguir y arrinconar, ya que la mayoría se sienten atacados si se les acorrala; tirar con fuerza de la correa hacia un lado porque sienten pánico al quedarse sin aire y obedecen peor; pegar con un objeto (un zapato o un periódico enrollado), ya que tienen memoria; esperar demasiado tiempo para castigar, puesto que olvidan pronto sus fechorías y sólo entienden qué han hecho mal si se les reprende de inmediato; o aplicar castigos que no entienden o pueden causar enfermedad, como encerrarles, dejarles sin comida y sin agua.

Se debe educar al perro con refuerzo positivo, amonestarle de inmediato cuando su conducta no sea la apropiada y darle órdenes consecuentes. Si se cumplen todas estas normas básicas, la convivencia de un niño con un perro puede ser una gran fuente de bienestar, que eleva su autoestima, les motiva y les ayuda para su socialización.

Distribuir contenido

Últimas entradas

Newswire