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El ultraje pagado.(Nicolás Ferraiolo)
Enviado por robinson el Lun, 01/03/2010 - 01:45.(Nicolás Ferraiolo)
El nuevo hacedor de microrrelatos, apenas conocido por su fervoroso desprecio a la vida y al despertar, estaba temeroso de no tener los recursos necesarios para ejecutar sus torpes astucias en tan pocos renglones. Para esto decidió estudiar de una buena vez las antiguas literaturas ex profeso para apelar al lector culto, olvidando a los otros.
“Para escribir bien hay que pellizcarle la cola a Virgilio”
sentenció y se fue a dormir.
Entre sueños vio la lisa y aparente cola del latino. Como dudaba de su destino literario, apretó las tenazas fuertes sobre el glúteo izquierdo, pero al ver voltear al ultrajado, lo descubrió mujer, horrible y enfadada.
El joven creyó despertar sobresaltado, anotó al instante lo que creyó haber oído de la difusísima voz:
–Soy Virgilia, me has ofendido.
Sólo los lectores de su eterno sueño verían y olvidarían esa frase en un microrrelato sobre Virgilio y Virgilia.
Sólo los lectores de la realidad lo recordarían. Y, entre estos, sólo los lectores mediocres e incultos, y no por su literatura, sino sólo por el dato trivial de que fue el único escritor que murió habiendo estado tantos años en misterioso coma. Lo cual es sensato si pensamos en lo que, aunque haya oído mal, le hizo a la Vigilia.
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EL ENGAÑO DE RETRASAR LA JUBILACIÓN O COMO MANIPULAR A LA OPINIÓN PÚBLICA
Enviado por teremarin el Vie, 26/02/2010 - 01:54.
La tan repetida frase de NO AL RETRASO EN
Explicación:
Después de difundir que se es posible un incremento en dos años de la edad de jubilación, el Gobierno de Madrid ha puesto en marcha una amplia reforma laboral de la que no se está hablando. Justo antes de que se conociera en qué iba a consistir esa reforma, los dirigentes de CCOO y UGT, descartaron por completo una convocatoria de HUELGA GENERAL. En expresión de Cándido Méndez, “la paz social es un bien que hay que preservar en cualquier caso” y, por lo que se ve, un “bien” que está por encima de los intereses de los trabajadores.
Sin embargo, el gobierno de ZAPATERO es muy consciente del amplísimo rechazo popular que genera la ampliación de la edad de jubilación, por eso las nuevas medidas contra la clase obrera no podían ser anunciadas de golpe: hay que ir introduciéndolas con VASELINA, de forma difusa y sin concretarlas de entrada.
Una vez más, los sindicatos de siempre, hacían de mamporreros, anunciando que se va por buen camino, que lo poco que se atisba es “ACEPTABLE” y que, en cualquier caso, hay que separar este tema de la prolongación de la vida laboral antes de tener derecho a una pensión, “No vayamos a liarla, que la tropa se puede sublevar”.
Ni que decir tiene que la patronal está encantada con la que se avecina.
Pero....¿Cuales son esas otras medidas y reformas que tanto desean ocultar CCOO, UGT,
Todos los contratos laborales indefinidos, se unificarán en uno sólo, (a propuesta de la patronal), de manera que todos seremos indefinidos, pero...........con modificaciones sustanciales:
1º) Cualquier trabajador/a podrá ser despedido en base a un amplísimo decálogo de circunstancias.
2º) La indemnización por despido en este tipo de contratación no se podrá percibir hasta pasados DOS AÑOS desde el inicio del mismo. Tras ellos, dicha indemnización será de 33 días por año trabajado, en vez de los 45 actuales. En caso de que el despido sea por causas “económicas”, la indemnización será de 20 días por año trabajado.
En el caso de la contratación a tiempo parcial, se reducirán también los supuestos a sólo dos, uno con horario fijo y otro con horario flexible, para que las empresas “se puedan adaptar a los cambios en los procesos productivos”. En la práctica, eso supone que muchas trabajadoras y trabajadores se van a ver abocados a trabajar TODA
En cuanto a la implantación del “modelo alemán”- reducción de la jornada a la mitad y cobrar sólo el 75% del sueldo, 50% a cargo de la empresa y 25% a cargo de las prestaciones por desempleo (que va agotando el posible paro del trabajador) -, además de enormemente perjudicial para los trabajadores, se ve dificultada por su alto coste para el estado, por lo que ZAPATERO ya ha avisado de que una vez implantado este modelo, autorizarán más ERES y agilizarán su tramitación, para evitar estos sobrecostes.
Hay más elementos especialmente preocupantes como la desaparición de las bonificaciones a la contratación de mayores de 45 años y por si esto fuera poco, ZAPATERO, quiere que las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) entren en los servicios públicos de Empleo, lo que supone en la práctica, un paso irreversible para su privatización.
La nueva vuelta de tuerca ya está en marcha, u lo que se quiere ahora es que no chirríe demasiado. Para esto se cuenta con la inestimable ayuda de unos sindicatos comprados con dinero público y acomodados a una vida burocrática totalmente podrida. Pero esto no sólo caracteriza a CCOO Y UGT, sino también a otros pequeños sindicatos que salen más baratos al estado sólo en función de su menor tamaño.
Esto no descarta alguna que otra manifestación para hacer ver que se hace algo y hacer el paripé ante el descrédito que sufren ante la inmensa mayoría de los trabajadores, pero con un solo lema, NO A
Es necesaria una revolución dentro del ESTADO, CCOO y UGT, de manera que los comunistas recuperen la dirección ideológica y política y desborden a esas cúpulas de burócratas vendidos al enemigo de clase.
ESTA ES AHORA
Un consejo...
Enviado por pijamaman el Mié, 24/02/2010 - 05:58.jose: aunque aquí en http://www.robinsonesurbanos.org queda guardado todo el material te recomiendo que tengas copia de seguridad de todo lo que consideres importante y que guardes las fotos en máxima resolución por si tienes que imprimirla en papel. (En principio las fotos se deben comprimir para subirlas a http://www.robinsonesurbanos.org )
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¿Se puede comprar la felicidad?
Enviado por teremarin el Lun, 22/02/2010 - 04:27.
Dan Gilbert, Eduard Punset y Daniel Kahneman sostienen que después de cierto nivel de ingreso (que para Kahneman es aproximadamente 60,000 USD anuales en EU y cubre las necesidades básicas) con dinero no se puede “comprar felicidad”. Que sí se puede teniendo una buena relación de pareja, o teniendo nietos, pero con más ingresos uno no es más feliz; mientras que menores ingresos a los 60,000 (para el caso norteamericano), sí te hace más infeliz y miserable.
En palabras de Punset, “un vaso de vino le hará sentir muy bien, dos le harán sentir maravillosamente, pero cien vasos no le harán sentir mejor”. Considerando esto, el dinero es importante para la felicidad cuando permite pasar de la pobreza a la clase media pero conforme los ingresos aumentan, su importancia disminuye.
Si es verdad, ¿en qué piensan los que cambian a sus amigos por más horas de trabajo? Sucede que la mayoría no trabaja sólo por dinero sino por hacer o demostrar algo. Para Clotaire Rapaille, el ingreso es un buen indicador de éxito en EU, equiparable a los títulos nobiliarios de Europa. Después de cierto ingreso ya no se trata de lo que puedo comprar, sino de ver quién gana el juego.
Estudios —entre ellos los de Michael Marmot— dan cuenta de que tanto la felicidad como la salud están asociadas con el estatus. No obstante, Kahneman escribió para Edge Foundation que los humanos evalúan su vida mediante un promedio común de prosperidad material, lo cual cambia a medida que incrementa el PIB. La conclusión implicada es que los ciudadanos de distintos países no se adaptan a su nivel de prosperidad como se pensaba.
Estos estudios omiten cuatro elementos de análisis: (I) lo que se define como “economía posicional”, donde la felicidad de uno no depende sólo de los ingresos absolutos y del poder de compra, sino de los ingresos relativos que uno tiene en referencia al otro con quien uno se compara. En el ejemplo de Punset, la utilidad de vino no radica únicamente en la utilidad que al margen me da una copa adicional dadas las ingeridas anteriormente, sino de cuántas —y de qué precio y calidad— ingiere mi amigo en referencia. Es decir, los economistas deben ponderar el tema de la envidia, el éxito y el poder en su tema de análisis.
(II) A diferencia del vino, el dinero se transforma en todo tipo de bien. Lo cual hace de la ley de utilidad marginal decreciente, expuesta por Eduardo Punset, —en el caso del dinero— un argumento inoperante.
(III) El dinero, si tuviese una marginalidad, es creciente o aleatoria, no decreciente. El tener un peso adicional y llegar al 100 mil del 99 mil 999 genera sicológicamente mayor utilidad que pasar del 99 mil 998 al 99 mil 999.
(IV) Mayores ingresos generan mayor estatus con el grupo de referencia inicial. Probablemente al generar mayores ingresos, una persona se incorpora al “club de ligas mayores” como el más pobre del mismo y pierde su relevancia al ser el más rico del “club de ligas menores”. Ello le puede ocasionar menor felicidad porque el estatus se correlaciona con la felicidad.
Es decir, alguien puede ser el más rico de un pequeño país caribeño pero si quiere vivir en Nueva York probablemente ya no se sienta tan satisfecho con sus logros, incluido su nivel de ingreso. Asimismo, Kahneman deja de lado la relatividad con la que definimos nuestra vida. Dan Ariely sostiene en su obra, Predictably Irrational, que nuestra mente está de alguna forma diseñada para fijar puntos de referencia que nos permitan valorar las cosas. ¿Cómo saber si algo es caro o no?
Pero la pregunta es: “¿qué es la felicidad?”, muchas respuestas existen; pero sin duda un acuerdo es que la felicidad es una sensación no permanente, un tropiezo, un proceso, un camino, no una meta, una experiencia, un recuerdo, o una expectativa de lo que se va a vivir. Por otro lado, si Kahneman nos comparte que más dinero no te hace más feliz, pero sí te hace un ser más satisfecho, me pregunto: ¿la satisfacción no se correlaciona significativamente con la felicidad?
(*)Doctor en Políticas Públicas.
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luz blanca
Enviado por jose el Lun, 22/02/2010 - 01:18.tras el "cuento para Alicia", os envío este segundo relato. espero os horrorice tanto como os conmovió el primero.
LUZ BLANCA
Aquellos días previos se sucedió un cúmulo de circunstancias extrañas. Hubo una ininterrumpida racha de un frío viento del norte que duró unos diez días; suave pero persistente. Los pájaros formaban enormes bandadas, y volaban en círculos durante horas. El cielo estaba despejado, pero por la noche no se veían las estrellas, ni la luna. La gente padecía varias dolencias, y nadie se atrevía a hablar de ellas. Los ojos se les secaban e irritaban, al igual que la boca; y las embarazadas tenían todas partos prematuros, agobiadas por intensos dolores. Los niños parecían apremiados por ver pronto la luz…
Fue todo muy extraño, es difícil ahora ordenar los sucesos después de tanto tiempo, y con la cabeza afectada por lo que aconteció esos días. Lo que recuerdo es que la mañana de aquel domingo de octubre, amaneció de un modo insólito. La luz comenzó progresivamente a iluminar las calles y pueblos de nuestro país, pero a diferencia de cómo sucede ordinariamente, y como quedo registrado en las estaciones meteorológicas, no lo hizo de este a oeste. Progresivamente y de modo uniforme, la claridad lo inundó todo. En los telediarios se daba la noticia: a pesar de ser de día, no había rastro del sol. En los corrillos se comentaba de todo: una nueva arma rusa ocultaría la luz solar progresivamente, hasta provocar un déficit alimentario; por fin los extraterrestres llegaban a la tierra, y su gran nave nodriza ocultaba al astro rey; era el fin, el Apocalipsis…
Lo cierto es que la luz proveniente del cielo, uniforme, fue creciendo en intensidad. Aquella noche de domingo de octubre de 2010, para sorpresa de todos, no se hizo de noche. Muy al contrario, al mirar al cielo uno tenía en seguida que apartar la mirada, pues una intensa luz blanca te cegaba por completo. No se sabía el origen. Era una luz blanca como artificial, que daba un intenso dolor de cabeza, ojos, espalda…
La gente abandonó las calles. Algunos se encerraban en los bares para buscar consuelo. A puerta cerrada, ingerían grandes cantidades de alcohol y drogas de todo tipo, terminando en grandes bacanales con conocidos y desconocidos, hombres y mujeres. Otros acudieron a las iglesias, que también hicieron buen negocio esos días. En interminables maratones de oración, los fieles se congregaban en grandes grupos, entrando en un éxtasis colectivo con gritos, posesiones, exorcismos y curaciones milagrosas. Se quedaban a dormir en bares e iglesias tras sus ritos. Tras unas horas se levantaban, y seguían con sus prácticas. Otros en cambio nos encerrábamos en las casas a dormir la especie de resaca que la luz provocaba, pero esta se colaba por los resquicios de las ventanas, persistente, tenaz, agobiante. Luz, luz, luz, luz.
Luz blanca.
Esto fue solo el principio, los hechos que se sucedieron fueron aumentando en extrañeza en los días siguientes. A los dos días, fábricas, medios de comunicación, escuelas y todo de centro de trabajo se cerraron. El mundo entero, los cuatro continentes, solo vivían para el “ocio”, intentando desesperadamente parar el intenso dolor de cabeza que la luz blanca provocaba. Borracheras, vómitos, salvas, insomnio. Calles vacías, orgías, bares, zoofilia. Todo el mundo parecía enloquecer al ritmo incesante de unos días sin noches, los animales fueron violentándose, mordiéndose entre ellos y a los humanos. Todo se fue complicando aún más.
No había pasado aún una semana cuando empezaron los primeros asesinatos. Los rumores se fueron difundiendo; primero fueron hechos puntuales, más tarde fueron generalizándose. Había habido reuniones en los que se mezclaban orgías y muertes rituales. “Hedonistas” y “creyentes” fueron convergiendo, y el resultado fue desolador.
Yo todo este tiempo lo pasé encerrado en casa, en la cama, con la cabeza bajo la almohada. Trataba de olvidar el dolor, de dormir, pero no conseguía conciliar el sueño más de 15 minutos. Despertaba sobresaltado, horrorizado por un intenso zumbido en la cabeza. Miraba a las ventanas con las persianas bajadas y la luz blanca seguía colándose por las rendijas. Sólo me movía para ir de la cama al microondas. Por suerte tenía el congelador lleno de precocinados, que ingería sin hambre, por seguir una rutina o por aburrimiento. De vez en cuando salía a los rellanos de la escalera, a hablar con los vecinos las noticias que llegaban de la calle, de las pocas personas que alternaban casa y bares. El canibalismo ritual, las violaciones grupales, la pedofilia extrema, el fundamentalismo religioso, se extendían como la pólvora. La gente de la calle, enloquecida, fue fijando como objetivo prioritario de sus prácticas violentas a los que nos quedaban en las casas, que éramos los menos afectados por la locura que la luz blanca provocaba. Nos identificaban porque no participábamos en sus prácticas, y se cebaban en nosotros. Oí que al vecino del cuarto lo habían asesinado de modo cruel. Mientras tres hombres lo violaban, dos mujeres fueron abriéndole en canal con un cuchillo de carnicero. Y mientras aún vivía, y retorcía por el dolor, fueron comiéndose sus órganos, hasta que le dio un ataque al corazón de todo el dolor que acumulaba.
A los diez días más o menos, la comida se me fue acabando. Los vecinos del inmueble iban disminuyendo en número, y guardaban sus provisiones con recelo. Los que salían a por suministros no volvían, nada sabíamos ya de ellos. Suponíamos que los mataban al ser identificados. Por fin me armé de valor, y tras cuatro días sin comer, decidí salir a por comida; los vecinos se habían vuelto desconfiados y mezquinos.
Estuve un rato dentro del portal, haciéndome a la luz blanca cegadora. Tras 20 minutos di el primer paso, temiendo ser identificado como “casero”. Nadie había en la calle, más que los cuatro gatos que cambiaban de bar. Dando tumbos, trotaban en busca de la próxima copa y su ración de sangre. Vi un centro comercial, y me dirigí allí a ver si encontraba comida. En el supermercado, los productos estaban desparramados por el suelo. Llevaba una mochila para transportar la comida sin ser identificado como “casero”, la llené con lo mejor que encontré y me dispuse a volver a casa.
A la salida, un grupo de personas que rondaban los 40 años me arrolló. Una chica me comentó que se dirigían a una “fiesta”, y que fuese con ellos. Dos hombres me observaban. Si me negaba podían identificarme, así que me uní al grupo.
Llegamos a la discoteca. Atados con cuerdas, varias personas yacían sobre la barra. Un poco por no ser identificado, un poco alterado por el rato que había estado expuesto a la luz blanca, terminé brindando “por que la luz lo inunde todo”. Al rato, medio horrorizado, medio en delirio por las drogas, el alcohol y la luz blanca que había recibido, me vi comiéndole las vísceras a una joven, directamente de su vientre abierto. Las lágrimas me caían hasta la boca, dándole un toque salado a la sangre del hígado que másticaba…
Después de ese primer hígado vinieron más, poco a poco comidos con más placer, violaciones de adolescentes, chicos y chicas, muerte y podredumbre.
Y ahora… ahora todo es luz blanca amigo…
No seas tonto, únete a la fiesta de la claridad.
el dia de hoy. jota.
Enviado por robinson el Vie, 19/02/2010 - 07:22.Observó que la grieta paralela al premarco y marco de la puerta seguía ahí. Dio media vuelta a la llave dentro de la cerradura y bajó con parsimonia los dos pisos de escalera, fijándose de paso en la imagen fría de patio interior que asomaba por la ventana de la entreplanta. Ante el portón de salida del portal, colocó adecuadamente el cuello de lana azul, por encima del principio de la nuca por detrás y rozando la barbilla por delante. Abrochó el último botón del chaquetón al tiempo de realizar el movimiento de hombros propio para encajarse bien en el vestuario, y dispuso el paraguas en posición de ser abierto en cuanto pisase la acera. Y así ocurrió. En el último suspiro de un segundo, por según qué razones demasiado técnicas para el relato que acontece, calculó su intelecto, en primer lugar, la fuerza y direccion del viento, catalogados respectivamente en este caso de medio/cambiante. En segundo lugar, la potencia de golpeo y temperatura del agua, llegando en este caso a determinar ambas variables de fuerte/fría. En tercer lugar, tomando como muestra el trozo de acera de su campo de visión, determinó la existencia o no de agua encharcada en la acera, comúnmente denominada charco, para en caso de ser así, valorar la profundidad y cantidad de los mismos. Respectivamente, las respuestas fueron sí/hondo/muchos. Por último, reconsideró si cuantas prendas conformaban su indumentaria eran o no apropiadas en el contexto exterior, observando únicamente que los pantalones eran demasiado largos y caían por la parte trasera del zapato a riesgo empaparse, y que no haber elegido el chaquetón impermeable a favor del tres cuartos de tela vuelta o antelina, que todo sea dicho, y dado el corte de la prenda, le quedaba mucho mejor, o al menos así lo observaba Él, era un error. Por lo demás todo correcto, mejorable, pero correcto. Una vez estimadas las anteriores variables, y dado el fin con el que éstas se estudiaron, llevó a cabo una ponderación de los factores que aglutinara en una misma respuesta cuantas sensaciones anteriores, llegando a la conclusión de que el día estaba malo. Con todo este optimismo, agarró decidido, en una mano, el picaporte en forma de manivela del portón de salida del portal, y en la otra, el paraguas, reposando el dedo gordo de la mano derecha, que era la que llevaba el paraguas, sobre el botón pulsador responsable de la apertura del aparato. De manera sincronizada, realizó un movimiento con la muñeca del brazo izquierdo, que por descarte, y según lo expuesto anteriormente, es el de la mano que agarra el picaporte en forma de manivela del portón de salida del portal, circular, el movimiento digo, circular, en contra del sentido de la agujas del reloj, quedando de inmediato liberada la hoja del portón de salida del portal con relación al marco. Seguidamente, la mano derecha dispuso el paraguas en punta cual lanza de caballero armado, como decíamos, con el dedo en el botón pulsador, a la vez que la pierna derecha realizaba en consenso con la izquierda, un movimiento calculado de avance, quedando, una vez acabado el último suspiro del segundo al que nos referimos, liberado de la protección hermética de la infraestructura arquitectónica. Ocurridos cuantos acontecimientos se describen en orden cronológico, y sin más intención que acudir empíricamente a la realidad de este caso, desde la objetividad y la verdad absolutas, podemos afirmar, que nuestro protagonista, muy a su pesar por la situación que describimos, salió a la calle. Con decisión, fija la mirada en el suelo para evitar el golpeo en la cara de las gotas extraviadas en el viento, caminó, no sin dificultad, los dos minutos y medio que aproximadamente lo separaban del lugar y la hora acordados para el encuentro. Una vez allí, se cercioró concienzudamente de que quien debía ir a su encuentro se había retrasado, no siendo ésta una práctica ocasional de la susodicha. En este caso, no pudo más que volver a calcular, esta vez, solo la dirección del viento y los charcos de la acera, respecto a encontrar el lugar más adecuado para llevar a cabo la espera, a lo que, debido a lo desarbolado de la calle en cuestión y a la falta perpetua de soportales en el ordenamiento urbanístico de los barrios obreros de ciudades industriales, debemos apuntar que la valoración fue declarada nula, ya que no se percibieron razones suficientes para declarar a alguna parte de la vía mejor o peor con relación a otra, con lo que se dispuso a esperar con la certeza de que lo cambiante del aire y lo anteriormente expuesto harían que se mojase impepinablemente. Tardó en llegar. Avisada su venida por el característico sonido de los portales que abren con pulsadores eléctricos, Él volvió hacia Ella la cabeza con ansia primeramente, intentando no denotar con el rictus la rabia de la espera, para después, retirar la vista y evitar un cruce de miradas incómodo. En un segundo llegó Ella a la altura de Él. Ambos se saludaron sonrientes, con el respeto y la amistad que se acumula con los años, a pesar de la distancia inequívoca que dos personalidades tan diferentes no son capaces de salvar. A partir de este punto, llevados nuestro protagonista en la calle entre doce y quince minutos, se dio sitio en el contexto una variable hasta ahora no sopesada, muy típica en la época en que nos encontramos, el frío, que se dio presencia en pies y manos agarrotando los músculos de ambos. Tras el saludo echaron a caminar en paralelo, bajo los paraguas los dos, ella más seca que él y aun calida de hogar y sobremesa de invierno. En los primeros segundos se dio presencia entre ambos el silencio. Un silencio espeso, como de aire ya respirado, a la espera de ondas vibracionales q lo disolvieran en el pasado, interrumpido ad hoc por las dos voces que a un tiempo solaparonse realizando ambas dos preguntas de indole parecida. “ Has estudiado el tema dos??” y “A ver como se da la tarde hoy…” La primera voz, la de el, opto por una pregunta cerrada, que más que el pie a una conversación era el resultado de la incomodidad ante lo opuesto de las personalidades, como bien anteriormente comentabamos, excusada en la duda posible y amable sobre el estado de los conocimiento de su amiga. La segunda voz, nuevamente por descarte, la de ella, sin embargo, uso una pregunta retórica, de contestación abierta, que finalmente, según su proposito, consiguió ser el pie de una futura conversación, demostrando así que la icomodidad de ella, o bien, era menos intesa que la de el, o bien estaba muy bien disimulada bajo las anchas gafas de sol y la sonrisa. Mentiriamos si dijesemos que la sociabilidad de ella no era mayor en intensidad que la de el, habiendo quedado esto probado en numerosas ocasiones previas a este momento. Y fue en este punto, quizá solo un minuto más tarde de salir de la calle desarbolada que sirvió de punto de encuentro, cuando la avalancha de pareceres y opiniones que ella virtio, como decimos, a partir de este momento, hasta que llegaron al lugar fin de trayecto, dio comienzo. Para Él fue esta una amarga realidad a soportar en sus proximos 15 minutos, que sumado a las inclemencias del tiempo, lo poco adecuado de su pantalón y chaqueton, y el frio primitivo de los pies y las manos instalado tambien ahora en espalda, nariz y labios, eran obstáculo bastante para no lograr su empresa, no siendo esta vez suficiente. Eran mas grandes y fuertes sus ganas de aprender, de sentarse en la silla verde y viajar a la infancia, de volver a oler la algarabía de las entradas y salidas, de escuchar en la pizarra la tiza, de tener miedo de tocar el envés de la mesa tambien verde por si hubiere pegada goma de mascar, y en definitiva, de sentir el escalofrio del recuerdo de la felicidad vivida. Es decir, que era más fuerte la nostalgia poetica de caminar hasta la clase, incluso encontrándose esta ubicada en el sector reservado para estudios superiores, que cuantos obstáculos apareciesen en el camino. Por todo esto, no pudo hacer mas que, luchando contra el viento, encender a duras penas un cigarrillo y prestar semisimulada atención a la verborrea. Observó el eschucante, que el marco principal del discurso era la afirmación de encontrarse agobiada, concepto que por cierto, según había observado con anterioridad y subjetividad nuestro protagonista, era muy comúnmente utilizado por el sector femenino. Conglomerábanse en la afirmación de amaragamiento numerosas ramificaciones a modo de razones o excusas, concepto a determinar según tuviere ella la intención o no de encontrarse en el estado que anunciaba, cosa que aun el escuchante no ha sabido descifrar. Sobre el por qué de la ya comentada sensación, el ramillete de razones o excusas se ordenaba, en primer término y por orden de importancia, en la falta de tiempo que acreditaba dominar su vida. declarándose liada siempre en tareas estudiantiles, en tareas propias del noviazgo, y/o en la debida ayuda familiar que presta en su casa, alegando también no sé cuántos trastornos mentales relacionados con el concepto de ansiedad nerviosa. En segundo término, y por ende con nivel inferior de importancia respecto a lo ya comentado, observa Él que el mero planteamiento de esa situación al parecer real, crea en la hablante cierto desequilibrio interior, consecuencia éste del primer termino y causa del tercero y último, y por ende menos importante, que no es mas que el rechazo a las responsabilidades que se supone que le agobian quedando éstas siempre inacabadas, cosa que genera en la parlante un angustioso sentimiento de fracaso. He aquí que el escuchante cerró el círculo, sentenciando que ese sentimiento de fracaso era causa y consecuencia del problema, ya que era en sí lo que a su vez la agobiaba. Es decir, que se presentaba el tercer término, que ironicamente es el menos importante a su parecer del planteamiento, como punto de inflexión del problema, y a la vez, como punta de su iceberg interior. Y así fueron transcurriendo los minuto contados en pasos, Él rumiando su teoria bajo el disfraz de la atención y Ella acreditando veracidad al planteamiento en cada frase anunciada. Llegados a un punto x del trayecto, observó el protagonista que su atención se había derivado de la teoría anteriormente comentada a un nuevo y sorprendente hallazgo. Y es que descubrió él que tenía ella una extraña habilidad para hecer chocar la cpa abierta de los paraguas. Observó, que debido a que la distancia entre uno y otro sujeto era inferior a la suma de los radios de la circferencia de la copa de los paraguas, era muy difícil que éstos no se sopalaran, observando tambien a este respecto que por lo abultado del tamaño de los mismos difícilmente podrían encotrarse en planos diferentes en relacion al nivel de la acera. A ls situación dada, respondio él desviando levemente su paso hacia al aldo contrario en el que caminaba ella, en este caso a la izquierda, quedando en pocos metros solucionado el problema. Ya cómodos, siguieron el muchacho y la perpetua hablante diligente paso hacia la escuela, alentados por su cercania cada vez mas evidente, observando nuevamente nuestro protagonista que persistia el incomodo problema de lo desajustado en las meidas de la suma de los radios y la distancia entre ambos, solapandose nuevamente los paraguas. Se enfado interiormente y la miro con ojos punzantes. Y volvio a intentar comenzar un boceto de teoria sobre el problema en cuestión, más no habido si quisiera dejado tiempo a una mera observación visual cesó sorprendentemente de su intento. Pensó él en un momento que quiza llegados a este punto lo mejor fuese dejar de luchar. Aceptar lo que esta de venir. Que lo inteligente quiza sria no intentar solucionar el problema, obviar que los paraguas se toquen, incluso creer que la calle es estrecha. Lo que sea. No era justo juzgar a esa persona continuamente, bastaba con escucharla, o no, o fingir con buena cara, o andar a su lado o no hacerlo, pero juzgarla… eso no, eso esta feo, como diria una madre. Eso no se hace. Con qué potestad. Y con qué pretexto. Joder, la conocia desde hacia casi 9 años. Y la miró a la cara. Limpio ah ora de prejuicios, intentando captar la bondad de esas facciones, la expresión que ella hacia de su amor, la niña que todavía era. Busco su ingenuidad, no peyorativamente, ni como bala de recamara lista a dispararse en el momento adecuado, ni como risa de café y tertulia de domingo, no. Buscaba su bondad. Y la encontró. Y se sintió culpable. Ya no era el listo que se da cuenta de lo que le pasa a su amiga, y que sabe en un momento la solucion del problema que ahoga y amarga su vida, no. Ahora era el es que ha actuado con mala fe, con doble juego, escondiendo tras las anchas gafas de sol y la sonrisa sus pensamientos sucios. Sucios. Y tomaron la ultima calle del trayecto. Intentando él escucharla ahora, empalizar incluso, cuando ya no hay tiempo. Y llegaron a la escuela. Y se econtró él con todas las caras de pronto, con la algarabía, y toda su culpa encima, asi que adoptando defensiva postura se deslizo por entre los angulos muertos de las miradas hacia el interior del aula. Y se sentó en su mesa y su silla, y volvio a medir con la vista la distancia a la pizarra, como cada dia. Buscó sentirse comodo. Se apoyo primero con los codos en la mesa, después recolocó el culo en el asiento. Se estiro en la silla. Busco sumergirse en la nostalgia poetica. Oler a tiza. Pero no. En eso, entro en la clase la algarabía, con el profesor al frente. Algunos se encontraban, como él, ya sentados en la silla, pero eran la minoria. Para él la algarabía entro a modo de manada de ñus, demasiado intenso APRA ese momento de soledad amarga, a lo que respondió bajando la mirada hacia los pies, donde debia estar depositada la mochila, con intencion de preparar los libros y apuntes. Enfoco primero el pie izquierdo, que es donde suele ponerla, y no la vio. Extrañado, miró esta vez a la derecha, y tampoco la vio. Recordaba haberla preparado, haber metido una carpeta azul y una verde, suficientes folios vírgenes y boligrafos que los desvirguen. Un bote pequeño de corrector, lapiz y goma para los ejercicios test y el pequeño block de notas. Volvio a mira a izquierda, a derecha, y nada, no estaba. Finalmente, se revolvio en la silla avido de encontrarla suspendida del respaldo con sinuoso aire juvenil. Pero tampoco. Miró entonces un segundo al cielo como en señal de suplica, abriendo levemente los brazos y arrugando el ceño, y después deposito sus sienes en las manos, con los codos apoyados en la mesa doliendo a causa de la dureza y el peso. Con todo perdido, llegó ella y se sentó como siempre a su derecha. Él la miro, y ella sonriente dijo, “Ea, a ver como se da la tarde…”






