La garrapata comiendose la mermelada
Ansiedad...y miedo.
Hoy he vencido un viejo fantasma. He llamado al señor N. por culpa de un parásito. Éste estaba alojado en un amigo. Y el miedo de que le pasara algo malo, hizo que se disiparan momentáneamente mis temores hacia la comunicación.
Estos días han siendo difíciles. Los silencios son más prolongados.
Vuelvo a la cotidianidad de esta urbe: ataques y pildoras. Duro, lo que se dice duro. Reincido.
Buscando una vía de escape en un laberinto cerrado. Los setos crecieron y cerraron el camino. Me quedo atrapada dentro del nudo del estómago.
Vuelvo a huir. El lunes volveré a Madrid.
Los parásitos no pueden vivir sin un comensal. Y yo a mi garrapata le estoy dando un buen alojamiento, tanto que ya poco se ve de mi; se queda ella, como si hubiera ganado la batalla. Sin darse cuenta, que está acabando conmigo: mala estratega.
En un combate a muerte...visto lo visto, sólo ha de quedar una. Ella: un parásito; yo: una fiera. Voy a ver si cojo fuerzas, para empuñar la lanza y encender una vela en esta larga oscuridad que procede a la noche...
No ha de cesar el combate hasta que se vislumbre la luz. La fiera convertida en bestia quiere desprenderse de su disfraz: mi piel parásita; para volver a rasgar la vida y pedirle cuentas al señor tiempo. Nos queda mucho por vivir, abuelo.
La mermelada ayer, la mermelada mañana, pero nunca la mermelada hoy.
- blog de olimpia
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