Los guantes de escalada
Hoy no he llegado a dormir cinco horas, y es el mínimo básico que tengo que cumplir, para intentar que el resto vaya más o menos.
Hubo un día en que el espanto se convirtió en cotidiano. Las heridas seguian hemergiendo y no había forma de cicatrizar.
Viviendo la vida siempre con los cuchillos afilados, para protegerme, para clavarmelos.
Quiero que el disco que gira tan rápido alrededor de mi día se vaya calmando. Necesito descanso. Susurros veraniegos me llegan con "las flores azules". Sshhh... alguien está aprendiendo a tranquilizarme. Se queda a mi lado. Ahora duerme.
Han sido muchos combates. Fueron duros los dos últimos años. Más llevaderos que los anteriores. Sé que quien duerme está construyendo un puente imaginario para llegar a mi isla. El sentir que no te quieren dejar sola, es algo que se graba muy adentro. Arrancado horas en la sala de espera; desconcierto al no reconocimiento tras un ataque; el no saber... son algunas cosas que pasan lxs que están al otro lado. A lxs que les llegó la enfermedad por amor... a todxs ellxs muchas gracias por seguir escalando en el volcán, a pesar de que esté caliente.
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