Antonín, el Alienado. Por Marisa Wagner
Antonín*, el alienado, dijo:
“Yo he nacido de mi dolor.”
“No me gustan los poemas o los lenguajes que trasuntan felices ocios o logros intelectuales.”
Antonín, el alienado, dijo:
“El arte tiene un deber social que es el de dar salida a las angustias de la época.”
“No hay nadie que haya jamás escrito, o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado a no ser para salir del infierno.”
Antonín, el alienado, dijo que un alienado “es un hombre que prefiere volverse loco – en el sentido social de la palabra – antes que traicionar una idea superior del honor humano.”
Antonín estaba loco y decía que “Las cosas van mal porque la conciencia enferma tiene el máximo interés, en este momento, en no salir de su enfermedad.”
Antonín, el alienado, ha muerto hace más de cincuenta años.
Alucino ahora escribir en su tumba este epitafio, parafraseando lo que él dijo de su hermano Van Gogh: “Se puede proclamar la buena salud mental de Antonín Artaud, que sólo creyó en lo que imaginaba, “en un mundo en el que todos los días la gente come vagina cocinada con salsa verde y sexo de recién nacido flagelado y enfurecido, tomado tal como sale del sexo materno.”
Y decirle, sí hermano, las cosas van mal porque la conciencia enferma está en el pico de máxima enfermedad.
Sigue encegueciéndonos tu luz, no la podemos ver.
Te escuchamos decir que lo que hacés es “huir de lo claro para aclarar lo oscuro”, pero no lo podemos entender y da rabia volver a sentir deseos de arrojarte nuevamente al manicomio ¿Sabés por qué? Porque seguimos comiendo “sexo de recién nacido flagelado y enfurecido”
Por estos lares dicen algunas estadísticas que lo hacemos cincuenta y cinco veces por día por lo menos y es raro, ni siquiera eructamos.
Las cosas van mal Antonín… andamos mal entretenidos.
Y a veces, creeme, repito tus palabras sin querer:
“Todo me disgusta en la prodigiosa suciedad de este tiempo”.
Por ese profundo disgusto era tal vez que gritabas:
“Necesito poesía para vivir, quiero tenerla a mi alrededor.”
Antonín, el alienado, vive. Suele andar por los pasillos del Borda y sin visita.”
M.W.
Más allá de lo que ustedes quieran charlar conmigo, no se me ocurre qué más pueda decirles, bah! Podría hablar toda la noche de esta gente, pero me parece que si los inicio en estos menesteres voy a estar muy feliz.
-A: Si estás tan identificada con Antonín ¿por qué el primer trabajo tuyo se lo dedicaste a Jacobo?
-P: Es interesante lo que decís, pero en ese momento yo estaba mucho más cerca de Jacobo por mi frecuencia, estaba saliendo de una enorme depresión, estaba recuperando la palabra, la oralidad; estaba muy cerca de la frecuencia que me manda Fijman. Artaud para mí está más cerca de la vida, Artaud está acá en el vida. Allá, el manicomio, tiene como más la tristeza de Fijman.
-A: ¿Nos podés comentar algo sobre qué planteaba Artaud en el Teatro de la Crueldad?
-P: Lo que dije eran los ejes fundamentales, cuando dije que Artaud creía que el teatro ya no era teatro porque estaba absolutamente de rodillas frente al texto, que el director o el creador teatral eran un súbdito del autor, que la palabra se había convertido en lo único… él decía un gesto, un sonido, un grito, una modulación, un instrumento tomado como un hombre… él planteaba el teatro como… decía que los lugares donde se hacía teatro ya no servían, quería un granero, un lugar grande porque el público iba a estar en el centro e iban a ser bombardeados por todas las líneas por una escena circular que se iba a desarrollar con tiempos y luces y ritmos y elementos, con máscaras de diez metros… Tenés que leer El Teatro y su Doble, porque ahí tenés con mucha fuerza la concepción artaudiana y la explicación técnica de por qué él sentía que el teatro le había cedido tanto espacio al cine, por ejemplo, no te olvides que estaba surgiendo el cine, y al music hall que había tomado ciertas características de lo teatral y había quedado reducido a una cuestión de palabras y que los actores eran nada más que personas diciéndose cosas, cuando el teatro era un exorcismo, era ceremonia, el teatro estaba para conmover y que vos salieras otro. Si te interesa el teatro, éste es el libro.
Él dice que la creación es teatro, es real ésto, la escena “hágase la luz” es teatro puro, el director teatral, en este caso un Dios cualquiera, es el que plantea la creación en los términos del teatro: “hágase la luz, hágase la sombra”. Y él cree que en el teatro, y en las comunidades que él frecuentó, él habla mucho del teatro Berlinés, del teatro oriental donde el teatro no tiene palabras y tiene una fuerza muy superior al teatro de texto, al teatro de psicología como él le llama, al teatro psicológico, un teatro visceral, “de la crueldad”, entrañas y además someter (en el sentido teatral) a ese público a millones de efectos y estímulos … lo que tiene que salir modificado es eso, el actor es un operador y no hay un público inmóvil, mirando.
Rompió la concepción del teatro tradicional. Que el espectador saliera transformado, atravesado por ruidos que jamás conoció, por luces, por imágenes… y esa era la función del teatro.
Imagínense que en esa Francia, en la época de Artaud, el teatro se había convertido en un teatro de texto, no había teatro.
Yo fui a ver una obra de Artaud hace poco en la Alianza Francesa y salí muy encantada con el trabajo de los actores pero no estaba Artaud, habían trabajado como negro, pero había faltado Artaud.
Bueno, ésto es lo que pude darles hoy.
FIN
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