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Falsos depresivos

Subo un texto publicado en indymedia que nos puede ayudar a entender el trabajo que hace el enfermero conmigo y las negligencias que se están cometiendo medicando a mucha gente sin necesidad.

 

 

 

 

Falsos depresivos

Por Helena Béjar.
02 de agosto de 2008 - (ABCD) número: 861

Reseña de:
The Loss of Sadness: How Psychiatry Transformed Normal Sorrow into Depressive Disorder (La perdida de la tristeza: Cómo la psiquiatría transformó la pena normal en desorden depresivo) de Allan V. Horwitz, Jerome C. Wakefield, y Robert L. Spitzer

Dos profesores de sociología norteamericanos se han embarcado en un proyecto muy arriesgado: la crítica a la medicalización de los sentimientos humanos, en concreto la tristeza, por obra de la psiquiatría y la ayuda inestimable de la industria farmaceútica. La tesis principal es que desde la elaboración del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) III en 1980 la psiquiatría ha dado la espalda a una tradición de 2.500 años y transforma la tristeza en depresión, en un «desorden» que se extiende a una enorme parte de la población. Ello supone la construcción de una nueva enfermedad que se diagnostica de manera genérica y que está afectando la comprensión del yo contemporáneo y del sufrimiento humano.

La perspectiva de los autores no es, sin embargo, construccionista. En un capítulo que debería haber sido más extenso, exponen cómo las ciencias sociales han colaborado en la idea de que la tristeza varía de cultura a cultura, facilitando la relativización de lo que se entiende por aquélla. Al no separar claramente lo normal de lo «disfuncional» (anatema para la sociología que rechaza lo que suene a funcionalismo), y negando la idea de naturaleza humana, la antropología y la sociología han contribuido a una transformación medicalizada de los sentimientos humanos por la psiquiatría. Para ello repasan la historia de la tristeza, que desde la Antigüedad se llamaba melancolía, hasta por lo menos Sigmund Freud. La melancolía clásica solía ir unida a la tristeza y el miedo -que ahora se llama ansiedad- y estaba unida a un contexto. Es decir, tenía causas justificadas y repetidas: la muerte de un ser querido y el abandono amoroso; más tarde, la psicología y la psiquiatría añaden a las causas de la tristeza normal la pérdida de una meta valorada, de estatus o de trabajo. (Merton la relacionó con la anomia).

Con y sin causa. En su monumental tratado sobre la melancolía, Robert Burton afirmaba que hay una disposición melancólica en todos los hombres. La distinción clave desde Hipócrates radica en la tristeza «con causa» y la «sin causa», es decir, la que dura un tiempo proporcional a la pérdida sufrida, y la que permanece durante demasiado tiempo y no es proporcional a la pérdida. Pues bien: sólo esta última debe ser diagnosticada como depresión. Pero ya con Freud se cree que hay una continuidad entre la normalidad y el desorden psíquico, lo que abre la sospecha de que todos somos enfermos en potencia. Empero, Freud enfatiza el contexto, en concreto el familiar. Pero será con el DSM III, y sobre todo con el IV, que coincide con la extensión del uso de los antidepresivos en los 90, cuando el análisis del contexto se abandona para centrarse en los síntomas a la hora de diagnosticar la depresión. Toda tristeza que dure más de un mes, primero, y más de dos semanas, después, encaja en dicho desorden.

Autocontrol de la pena. Sólo hay que cumplir un conjunto de síntomas -sin considerar el origen del mal- que cada vez se reducen a menos hasta llegar a dos (tener problemas de sueño, sentirse impotente, cansado, tener pensamientos de muerte, entre otros) para ser diagnosticado como depresivo. Y ser animado a consumir antidepresivos. El resultado es la extensión de «falsos depresivos» y la patologización de la tristeza. Ello implica una acrecida reflexividad (lo que se llama ahora «monitorización») así como la progresiva intolerancia con la tristeza de los demás. (Ya Ariès y Elias trataron el ocultamiento de la muerte en la modernidad y el consiguiente autocontrol de la pena). A la vez, como una pariente menor de la psiquiatría, se ha generalizado la recomendación de la psicoterapia, que sustituye el apoyo tradicional de familiares y allegados. Toda una industria alrededor del sufrimiento que acompaña al ser humano. Los autores hacen uso crítico de una bibliografía exhaustiva en psicología y psiquiatría para deshacer mitos: que los antidepresivos ayudan en la tristeza normal, que la depresión es genética -y sólo tratable con fármacos-, mientras señalan cómo la medicina general es la que recomienda el uso de fármacos a todos. El resultado es la patologización de la tristeza normal (porque la depresión sin causa y patológica es muy minoritaria) y la creación de un nuevo conformismo social, en el que todos somos concebidos como sujetos frágiles.

Nuevo conformismo. Al tiempo, se está debilitando el sentido de la responsabilidad moral: casi todo delincuente es un «enfermo» que necesita no la sanción social y penal sino el tratamiento psiquiátrico. Ello altera la estructura penal y judicial, y empobrece la moral social. La conclusión es que la tristeza normal (causada por un contexto trágico o invalidante) es un universal sociológico, aunque la consideración social de aquélla sea culturalmente variable. Atentos, pues, a este nuevo conformismo que nos hace a todos víctimas y carne de la psiquiatría. Un libro necesario e importante.

 

REGISTRO DE SALUD EN LÍNEA

J/6/3/8
leído en Diario de Jerez

REGISTRO DE SALUD EN LÍNEA

por Julio Lorca Gómez,
Director General del Instituto de Innovación para el Bienestar Ciudadano
jlorca@l2bc.es

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Ya está aquí el primer registro de salud personal en línea, desarrollado por la compañía Google de la mano de uno de los mejores hospitales del mundo, The Clinic, en Estados Unidos.

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La sensación de que la salud del futuro se está materializando es realmente apasionante. En el año 1997, hace ya más de una década, aventuraba en un artículo lo que estaba por llegar: “Todas estas experiencias demuestran que estamos viviendo importantes cambios en la foma de entender la atención sanitaria, que camina hacia un nuevo marco en el que el ciudadano será definitivamente el protagonista. Se podran llegar a establecer verdaderas intranet sanitarias que utilizando el potencial de las herramientas de Internet, -garantizando la debida confidencialidad- ofrezcan la posibilidad adicional de abrir determinados niveles de acceso a la población general (consultas a distancia, seguimiento de tratamientos, ensayos clínicos, epidemiológicos, etc, etc; tanto con médicos con farmacéuticos) un proceso asistencial verdaderamente integral, articulado en torno a potentes tecnologías de la información, conformadas como grandes redes telemáticas, que permitirán mantener una historia clínica personal y única como reflejo de la biografía sanitaria de cualquier ciudadano, y que sea accesible desde cualquier punto y momento en que sea requerida”.

Más tarde, hace unos cinco años, tuve la posibilidad de visitar la Cleveland Clinic en el estado americano de Ohio. Buscábamos por entonces experiencias avanzadas en teleradiología y este era uno de los centros más innovadores del momento. Pues bien, a pesar de encontrarme frente a lo que tanto buscaba (profesionales que, blandiendo sus reconocedores de voz en mano, informaban de forma automatizada, imágenes radiográficas de pacientes situados a decenas de kilómetros a distancia), no fue la telemedicina lo que más me impresionó. Tampoco lo fue contemplar la impresionante del recien premiado como mejor servicio de cardiología de Estados Unidos. Lo que más me sorprendió fue que un país tan inequitativo en mucho aspectos de la atención a la salud, la implicación de los ciudadanos anónimos fuese comparable a su excelencia tecnológica: mesas alargadas situadas por doquier, repletas de voluntarios jubilados que se dirigían a ti para facilitarte cualquier tipo de información o ayuda; dos papeletas para la Lotería recaudatoría, o la sugerencia de acompañarte hasta alguna dependencia alejada. “American is different”, en lo bueno y en lo malo… -pensé por entonces-. No debería sorprender pues, que el mayor referente actual del mundo digital, Google, se haya aliado con el mejor centro hospitalario para lanzar su aventura más arriesgada: ofrecer en línea a cada ciudadano su historia clínica.

Cuando hace unos días conocía la noticia, me invadió una sensación dual. En primera instancia, la posibilidad de que los datos sanitarios de millones de personas fueran custodiados por los quien ya posee (a través de su servidor de correo Gmail y de los históricos de su busqueda) más información sobre los ciudadanos que ellos mismos, me devolvía la sensación vertiginosa compartida meses antes con otros colegas, cuando analizábamos el excelente documental “el mundo según google”. En especial, revisábamos las amenazas descritas por Ian Brown, del Open Rights Group, sobre los renovados riesgos monopolísticos de la era post-Microsoft. En lo positivo, especulábamos sobre las potencialidades para la Salud del uso gratuito de las APIs de Google (Interfaz de Programación de Aplicaciones) como la asociada con Google maps, ya liberada; y que posibilitará la creación de webs híbridas (mashups) para fines epidemiológicos, como la creación de mapas dinámicos tras el cruce de datos clínicos con la ubicación física de los afectados (por ejemplo, evolución de casos de intoxicación en torno a una fábrica concreta);facilitado por el potencial de sus sistemas de información geográfica (por ejemplo Google Earth).

Pero la gran sorpresa ha sido comprobar que finalmente, uno de los hospitales más importantes del mundo, se ha implicado de lleno en la aventura: ¿Arriesgarían su destacado prestigio, cooperando con una plataforma de Internet de acceso libre, sin suficientes garantías? ¿Deberíamos entonces dar un voto de confianza provisional? ¿Será la alternativa “open” a otras comerciales como las presentadas hace meses por Steve Case con su RevolutionHealth o la Healthvault de Microsoft? Sólo el tiempo lo dirá… Por el momento, parece que Google ha comprometido que las páginas asociadas con esta iniciativa no serán utilizadas para su negocio de publicidad. Veamos cuanto dura.